martes, 14 de marzo de 2017

El Escudo ¿no se toca?

El Club Atlético de Madrid ha experimentado en los últimos años un enorme crecimiento, tanto en éxitos deportivos y como en nuevos hitos como el reciente cambio de estadio. Este crecimiento ha hecho necesaria una evolución de sus elementos visuales (el escudo) para adaptarlos a nuestros tiempos. Este proyecto ha sido desarrollado por el estudio Vasaba, ganadores del concurso entre agencias organizado por el Club rojiblanco.

El rediseño del escudo ha despertado una ola de duras críticas de aficionados que se niegan a aceptar el cambio. Bajo el hashtag "ElEscudoNoSeToca" han realizado toda clase de comentarios de malestar y odio. También se ha creado una petición en change.org e incluso se han manifestado físicamente en contra de este rediseño.

El cambio puede gustar más o menos desde un punto de vista artístico, pero la reacción de rechazo absoluto por parte de los aficionados es injusta e inadmisible, por ser exagerada e infundada. Con esta entrada me gustaría recopilar una serie de argumentos racionales que espero que ayuden a los aficionados a comprender y aceptar el cambio, y dejar a un lado por un momento la sinrazón.

Lo primero que es importante entender es que hoy en día este diseño ya no es un escudo sino un logo. Cierto es que mantiene la herencia del antiguo escudo en sus formas, pero claramente ha dejado de ser esa simple representación simbólica que se diseñó el siglo pasado. Ahora es un elemento de gestión comercial que debe funcionar como sello identificativo en webs, apps, merchandising..., y competir visualmente con otros logos y escudos entre los que debe destacar e identificarse. Y para ser un buen logo, su diseño necesita ser replanteado.

Una de las razones elementales del cambio ha sido buscar una mejor lectura de sus elementos, para que éstos fueran claramente visibles e identificables cuando el logo se reprodujera a tamaños pequeños (cabeceras web, icono de móvil, avatares en redes sociales, etc…). Esa es la razón por la que, entre otras cosas, se ha aumentado el tamaño del oso y el madroño, que ya no son una miniatura lejana sino que son parte central del diseño, perfectamente identificables e incluso potenciando aún más el vínculo con Madrid.

Para seguir con esta simplificación y optimización, se ha buscado una reducción de colores dejando los básicos y eliminando los secundarios. Hay que entender que el amarillo y el verde no forman parte de la esencia cromática del club (rojo, blanco y azul), por lo que no es fundamental que estén presentes en el logo.

También se ha corregido el excesivo espacio blanco que había dentro del triángulo, haciendo que ahora todos los elementos aprovechen al máximo el poco espacio disponible, y lo hagan de forma más armónica y visualmente equilibrada. Todo ese espacio en blanco era contraproducente ya que impedía que otros elementos importantes como el oso y el madroño tuvieran más presencia. Un extranjero que vea el logo en un minúsculo avatar de Twitter jamás podrá imaginar que lo que ve junto al árbol es un oso. Ahora lo entenderá mejor.

Por otro lado, erramos al pensar que tenemos sentimientos hacia un elemento gráfico. Nuestros sentimientos responden siempre a lo que el elemento gráfico representa simbólicamente. Por eso cuando un aficionado besa el escudo del Atleti, no está expresando sus sentimientos hacia unas formas y colores bonitos sino hacia todo lo que el club representa (éxitos, recuerdos, deporte, competitividad…) ¿Qué más da el símbolo que lo represente?

Por último, es importante entender que no se trata solo de un cambio de logo sino del desarrollo de todo un sistema visual cohesionado que fortalecerá a la marca. De esta manera se conseguirá proyectar una marca unificada, fuerte, capaz de competir en un mundo plagado de millones de estímulos visuales.

Para acabar, la Dirección del Club no debería dar marcha atrás. Deben apostar claramente por lo que creen. Han apostado por una decisión estratégica y han contratado al que consideraban el mejor equipo de diseñadores para afrontarla. El resultado es más que decente. Es una buena evolución, lógica, continuista. Corrige errores y potencia fortalezas. Es un gran paso que poco a poco se irá aceptando por la afición.

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